Cómo entender un análisis de sangre

“Para la mayoría de la población, los resultados de un análisis de sangre no son fáciles de interpretar, e incluso pueden llevar a confusiones que alarmen sin necesidad. El médico es el que debe valorar la analítica sanguínea, ya que no siempre unos valores alterados son sinónimo de enfermedad, y pueden deberse a un desajuste puntual”, explica a CuídatePlus Carlos Fernández Arandojo, del Servicio de Hematología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.

Dicho esto, Miguel Turégano Yedro, secretario del grupo de trabajo de Hematología de Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), comenta que “pese a que todas analíticas deben ser analizadas y evaluadas por un médico, es cierto que al paciente se le pueden dar algunas nociones sobre los valores de determinados parámetros analíticos. Por ejemplo, podemos decirle que unos niveles de glucosa o de hemoglobina glicosilada(HbA1c, porcentaje de una proteína de los hematíes que está unida a glucosa) alterados implican que la diabetes no está controlada; unos niveles altos de gamma glutamil transferasa (GGT) indican que la ingesta de alcohol debe reducirse, o unos niveles altos de creatinina no conocidos previamente indican que hay que aumentar el consumo de agua”.

Ante un descenso o elevación aislada de alguno de los parámetros que se describen a continuación, debe ser el médico quien valore su significado e importancia, teniendo como marco de referencia la historia clínica del paciente, la existencia de otros síntomas y las circunstancias personales de la persona en cuestión, como su estilo de vida, su nivel de estrés o la medicación que esté tomando”, subraya el hematólogo.

Guía para entender un análisis de sangre.
Guía para entender un análisis de sangre.
¿Qué datos aparecen reflejados en una analítica sanguínea común?

Normalmente, señala Fernández Arandojo, los datos que más se solicitan para el estudio son el hemograma y la bioquímica sanguínea.

El hemograma mide la concentración de cada uno de los elementos celulares de la sangre (glóbulos rojos, glóbulos blancos o leucocitos y plaquetas). También comprueba si las células tienen una forma y estructura normales o si están alteradas.

La bioquímica sanguínea es el estudio de las sustancias químicas presentes en la sangre. En general, estos parámetros informan sobre el estado y la función del hígado, el riñón, la diabetes, entre otros. Así, incluye la glucemia (niveles de glucosa en sangre), iones (sodio, potasio, calcio…), enzimas hepáticas (GOT, GPT, GGT), parámetros de función renal (urea y creatinina), colesterol (HDL y LDL), triglicéridos, perfil férrico (hierro, ferritina y transferrina), vitamina B12, ácido fólico, enzimas tiroideas (T3, T4 y TSH) y enzimas de citolisis (LDH).

En la bioquímica “también se pueden solicitar marcadores tumorales (por si existiese sospecha de cáncer o tumor), hormonas (ante alteraciones en el ciclo menstrual) o niveles de determinados fármacos que deben registrarse (como la digoxina, el litio, el ácido valproico o la carbamazepina)”, añade Turégano.

“No existen unos valores estándar que sirvan para todo el mundo, ya que los resultados son estadísticos. Cada persona cuenta con unos valores determinados en base a su sangre y en función a las referencias estadísticas. Los valores estándar, además, pueden variar ligeramente dependiendo de cada laboratorio. En última instancia, será el propio médico quien determine si existe, o no, alguna alteración”, insiste el especialista en Hematología.

A continuación, se muestra toda la serie de parámetros que habitualmente aparecen reflejados en una analítica sanguínea común, junto a los valores que, según se estima, estarían dentro de lo normal.

En un hemograma se analizan:
  • Hematíes: son células sanguíneas que transportan oxígeno desde los pulmones a todos los tejidos vivos del cuerpo y ayudan a eliminar el dióxido de carbono de nuestro organismo. Sus valores naturales son 4,32-5,72 millones/mm3 en varones y 3,9-5,03 millones/mm3 en mujeres.
  • Hemoglobina (Hb): es una proteína presente en los glóbulos rojos y la causante de su color. Sus valores naturales son 13,5-17,5 g/dL en hombres y 12-15,5 g/dL en mujeres.
  • Hematocrito (Hto): es el volumen de glóbulos con relación al total de la sangre. Se expresa de manera porcentual y sus valores medios son 38,8-50 por ciento en hombres y 34,9-44,5 por ciento en mujeres.
  • VCM (volumen corpuscular medio): es la media del volumen individual de los glóbulos rojos. Lo normal es que el valor sea de 78-100 fL.
  • HCM (hemoglobina corpuscular media): mide la concentración de hemoglobina presente en un glóbulo rojo. Ha de ser de 27-33 pg (picogramos).
  • Linfocitos: son un tipo de glóbulo blanco muy importante para el sistema inmunitario, ya que pueden distinguir las células del propio cuerpo de los elementos extraños y nos defienden contra las infecciones generando productos químicos para destruirlas. Su media es de 1.000-4.000/mL.
  • Neutrófilos: son el tipo más común de glóbulos blancos y constituyen el 45-70 por ciento de todos los glóbulos blancos de la sangre.  Los neutrófilos son el tipo de glóbulos blancos más abundante en la sangre. Constituyen la primera defensa ante el ataque de un antígeno o agente extraño. Sus valores de referencia son 1.500-7.500/mL.
  • Monocitos: son células que protegen al organismo de los ataques de virus, bacterias y agentes externos. Desempeñan su labor eliminando los microrganismos extraños, así como las células muertas. Sus valores de referencia son 100-950/mL.
  • Eosinófilos: son un tipo de leucocito que desempeña un papel importante en la respuesta del organismo frente a las reacciones alérgicas, el asma, y la infección por parásitos. Sus parámetros normales son 20-500/mL.
  • Plaquetas: ayudan a la coagulación correcta de la sangre y a reconstruir vasos sanguíneos que han sido dañados. Reaccionan rápidamente cuando el cuerpo recibe algún tipo de daño, pues ayudan a detener las hemorragias. Sus valores normales son 150.000-450.000/mm3.
En la bioquímica sanguínea se estudian:
  • Glucosa: es un azúcar (hidrato de carbono) considerado la principal fuente de energía de las células. Sus niveles son máximos en las dos horas que siguen a la ingesta de alimentos y mínimos tras ayunos prolongados. Sus valores son de 74-106 mg/dL.
  • Urea: es el producto resultante de la degradación de las proteínas llevada a cabo por el hígado. Filtrada por los riñones, la urea se elimina a través de la orina, como un residuo del organismo. La cantidad de urea presente en la sangre permite detectar si los riñones funcionan correctamente. Sus valores suelen ser de 17-49 mg/dL.
  • Ácido úrico: es una sustancia que se produce en nuestro organismo tras degradar compuestos de la sangre. Por lo general, sus valores son de 4,2-8 mg/dL.
  • Creatinina: es el compuesto orgánico generado a partir de la degradación de la creatina. Es un producto de desecho del metabolismo de los músculos que normalmente filtran los riñones excretándola en la orina. La medición de la creatinina es el modo más simple de comprobar la correcta función de los riñones. Sus valores estándar son de 0,7-1,3 mg/dl en hombres y 0,6-1,1 en mujeres.
  • Colesterol (hasta 200 mg/dL): es un tipo de grasa que tenemos en el cuerpo. Se produce en nuestro organismo de manera natural y es necesario para la formación de nuestras células. Se distingue entre HDL (el llamado colesterol “bueno”) y LDL (colesterol “malo”). El LDL viaja desde el hígado hasta los órganos para reparar las membranas de las células, pero por el camino deja pequeños depósitos de colesterol en las paredes arteriales. Cuanto más alto tengamos el LDL, más probabilidades habrá de que se acumule en nuestras arterias. Sus valores normales son de 0-130 mg/dL. En cambio, el HDL viaja desde los órganos hasta el hígado recogiendo el LDL sobrante que ha quedado en las arterias, y así nos ayuda a mantener nuestras arterias en buen estado. Su valor ha de ser mayor de 40 mg/dL.
  • Triglicéridos: son un tipo de grasa que se encuentra en la sangre. Sus valores normales son hasta 150 mg/dl.
  • Transaminasas: son enzimas que se encuentran en el interior de las células de órganos como el hígado, el corazón, los riñones o los músculos, y que cumplen una importante función metabólica. Las más importantes son la alaninoamino transferasa (ALT o GPT) y la aspartato aminotransferasa (AST o GOT), que están en el interior de las células del hígado (hepatocitos). La gamma glutamil transferasa, comúnmente llamada GGT, es una enzima que se encuentra en las células del hígado y que determina el estado de salud del mismo. Sus valores son de 0-35 unidades/litro (GOT), 0-45 unidades/litro (GPT) y 0-55 unidades/litro (GGT).
  • Calcio: es un mineral que integra nuestros huesos y dientes. Sus valores han de ser de 8,6-10,2 mg/dL.
  • Hierro: es otro mineral primordial en el transporte de oxígeno y en el proceso de respiración celular. Sus valores son de 65-170 microgramos/dL.
  • Potasio: es un macromineral con importantes funciones a nivel del músculo y del sistema nervioso. Además, es también un electrolito, al igual que el sodio y el cloro, que colabora en la presión y concentración de sustancias en el interior y exterior de las células. Sus niveles han de ser de 3,5-5,1 mEq/litro.
  • Sodio: al igual que el potasio y el cloro, es un electrolito y posee importantes funciones en la regulación de las concentraciones de los medios acuosos. Sus valores son de 136-146 mEq/litro.
  • Bilirrubina: es un pigmento de color amarillo que se encuentra en la sangre y las heces y que se produce en el organismo cuando los glóbulos rojos envejecen y se descomponen. Su nivel elevado provoca ictericia y la piel y/o el blanco de los ojos adquieren un tono amarillento. Su nivel ha de ser hasta 1,2 mg/dL.
¿Cuánto tiempo hay que estar en ayunas antes del análisis de sangre?

Los expertos insisten en que el ayuno para el análisis de sangre es muy importante y debe ser respetado cuando sea necesario. La ingestión de alimentos o agua puede interferir con los resultados de algunos exámenes, especialmente cuando es necesario evaluar la cantidad de alguna sustancia que puede ser alterada por la alimentación, como, por ejemplo, el colesterol, los triglicéridos o el azúcar. Se recomienda un ayuno mínimo de 8 a 12 horas para poder valorar correctamente el perfil lipídico y la glucemia.

Por ello, aconsejan al paciente que cene temprano el día anterior y se realice la extracción sanguínea a primera hora de la mañana.

Interpretación de análisis clínicos
Interpretación de análisis clínicos
Medicamentos que pueden alterar los resultados

“Una de las cuestiones que mayores dudas plantea es la medicación. Para evitar que los fármacos interfieran en los resultados, se debe comunicar tanto al médico como al laboratorio el tratamiento del paciente para que puedan analizar si es posible suspenderlo temporalmente. Se ha llegado a detectar la existencia más de 150 medicamentos que interfieren con las determinaciones del laboratorio clínico en cualquiera de sus presentaciones (aumento, disminución, falso aumento o falsa disminución)”, afirma Fernández Arandojo.

Turégano cita varios medicamentos que pueden variar los resultados analíticos. Por ejemplo, “la toma de analgésicos y antiinflamatorios puede alterar las enzimas hepáticas o la creatinina. Otro ejemplo muy frecuente es la elevación de las cifras de glucemia por el consumo de corticoides orales”.

¿Con qué frecuencia conviene someterse a un análisis de sangre?

La frecuencia a la que cada persona debe realizarse una analítica sanguínea es muy variable. En principio, una persona joven, sin enfermedades ni factores de riesgo, debería realizarse una analítica anual. En concreto, “los especialistas establecen que se debe realizar un análisis de sangre básico una vez al año para determinar los niveles de colesterol, triglicéridos, urea, hemograma y glucosa. Aquellos pacientes que sigan un tratamiento concreto para alguna enfermedad deberán realizarse un análisis antes de un año si el médico lo considera conveniente, con el objetivo de controlar la evolución de la patología y comprobar la efectividad del tratamiento”, recuerda el hematólogo de Sanitas La Moraleja.

En el caso de “pacientes diabéticos, pacientes mayores de 65 o 70 años o con muchas comorbilidades, al menos hay que realizar una analítica semestral. En otros casos, como las embarazadas o personas con determinadas enfermedades que no están controladas, hay que hacerse una analítica de control cada tres meses”, especifica el miembro de Semergen.

Artículo de Ana Callejo Mora publicado en cuidateplus.marca.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.